La fuerza que Mexico aun no termina de reconocer
The Strength Mexico has yet to fully recognize
Quienes vivimos entre México y Estados Unidos sabemos que la frontera no divide dos mundos; une una misma comunidad. Todos los días vemos cómo millones de mexicanos trabajan, emprenden, educan a sus hijos y construyen prosperidad en Estados Unidos sin romper el vínculo con su país de origen. Sin embargo, México sigue viendo a su diáspora principalmente como una fuente de remesas, cuando en realidad representa uno de sus mayores activos económicos, políticos y estratégicos.
Las remesas son, sin duda, una expresión extraordinaria de solidaridad familiar. Cada dólar enviado sostiene hogares, impulsa pequeños negocios, financia estudios y mantiene viva la economía de cientos de municipios mexicanos. Detrás de esas cifras hay jornadas de trabajo, sacrificios y un compromiso permanente con las comunidades de origen.
Pero la contribución de los mexicanos en Estados Unidos va mucho más allá del dinero que envían. Nuestra comunidad ha construido empresas, ocupa posiciones de liderazgo en los negocios, la academia, la ciencia y el servicio público, y participa cada vez más en la vida política estadounidense. Esa presencia convierte a la diáspora en un puente privilegiado para generar inversiones, abrir mercados, fortalecer el comercio, promover el turismo y ampliar la cooperación entre ambas naciones. También representa una voz con capacidad de influir en decisiones que impactan directamente la relación bilateral.
Por eso resulta indispensable recuperar instrumentos exitosos como el programa 3x1 para Migrantes. Aquella iniciativa demostró que cuando los migrantes y los tres órdenes de gobierno sumaban recursos y voluntades, era posible construir infraestructura, apoyar proyectos productivos y detonar desarrollo local. Hoy ese modelo podría modernizarse con absoluta transparencia y convertirse nuevamente en una herramienta para transformar las remesas en inversión social y crecimiento económico.
También ha llegado el momento de saldar una deuda democrática. Los mexicanos que vivimos en el exterior no dejamos de ser ciudadanos por cruzar una frontera.
Conservamos nuestras raíces, contribuimos al desarrollo de México y fortalecemos su presencia internacional. Por ello, el reconocimiento de nuestros derechos políticos debe ser pleno: no solo votar, sino también ser votados y participar, en igualdad de condiciones, en la construcción del futuro nacional.
Desde esta región del sur de California, donde la comunidad mexicana es protagonista de la economía y de la vida pública, resulta evidente que la relación entre ambos países ya no puede entenderse únicamente entre gobiernos. También se construye desde una diáspora que genera riqueza, crea puentes de entendimiento y fortalece a las dos naciones. México haría bien en reconocer que una parte de su futuro también se escribe de este lado de la frontera.
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